miércoles, 3 de julio de 2013

Retrasando lo inevitable

La nieve dificultaba ver Qüin'gan. Todo era blanco y gris.

El grupo se separó de forma estratégica, un soldado y el mech de infiltración avanzaron dentro del poblado. El lider sobreviviente maniobró su mech para dar soporte y atacar a distancia si era necesario. El nazaddi traidor dio aviso que el poblado estaba perdido, delatando su posición ante los radares de su grupo, sobrevolando el sector. Sus amigos se alegraron de verlo.

Nuevo objetivo: buscar sobrevivientes.

La ciudad estaba vacía, no se veía nada ni nadie. Radares mostraban una extraña soledad en los alrededores.

El silencio se interrumpió mientras de varias edificaciones grupos de sobreviviente salieron, con la esperanza de que los soldados fueran su escapatoria a la invasión migou. Esperanza que fue interrumpida por una nave centinela migo de colores extraños a la vista de los hombres. Una nave de brillos que reflejaban el ritmo del bullir de sangre alienígena, que delataba el avance de estos últimos soldados en estas perdidas tierras.

La lucha se hacía inminente.

El líder, del ya destrozado convoy, se preguntó sobre el propósito de retrasar lo inevitable, y disparó sobre el enemigo.

La explosión fue seguida de un temblor, y decenas de cucarachas comenzaron a surgir del suelo seguidos por lo que un humano llamaría una gigantesca mantis acéfala, adornada con púas que parecían colmillos que apuntaban agresivos hacia el cielo.

El nazzadi traidor también se preguntó sobre el propósito de retrasar lo inevitable y descendió y montó en la abominación.

La expectación y el asombro lucharon contra la adrenalina reinante. No habían preguntas, solo declaraciones. No habían acciones, solo reacciones en el campo de guerra.

Los sobrevivientes intentaban escapar mientras las cucarachas los masacraban. Desde lo lejos, el líder lanzaba sus misiles que parecían dañar más el entorno que sus objetivos, y el soldado que auxiliaba la población recibió una descarga directa en su razón, y el control migou se hizo latente una vez más. Al darse cuenta de eso, el mech en terreno atacó al desquiciado soldado. La mantis avanzó atacando, pero los rápidos reflejos del piloto permitieron esquivar una muerte segura, para luego atacar al engel, la bestia controlada por el traidor. Sus miradas se cruzaron. Miradas de hombres ya muertos.

Nieve, polvo, fuego y sangre pendía en el aire.

Los últimos misiles volaban directo sobre el engel, mech y mantis, una última explosión cegaba la vista de lo que fue una falsa esperanza para los sobrevivientes que perecían ante la furia migou.

En el horizonte una nube de soldados migou avanzaba ocultando la luz natural que iluminaba a Qüin'gan.

El lider del extinto escuadrón bebió un último sorbo de su botella de vodka, sobrecargo sus reactores, preparó su último ataque y saltó sobre su trágico final.
Restos del nazzadi traidor fueron recuperados y cuando uno de sus clones abrió los ojos y se incorporó, se vio a si mismo, en cubas donde uno a uno empezaban a levantarse.
El avance migou era inevitable, y escuchó un gorgojeo que en su cabeza sonó como "buen trabajo soldado, no atrasemos lo inevitable"