martes, 11 de junio de 2013

... hasta la madrugada del día siguiente.

27 de Febrero de 2085.

Anochece.

En lo alto de uno de los edificios a medio destruir, la bestia Engel parece acechar y oler el aire, y de las ruinas aún hay gente saliendo entre quejidos.

Detrás de escombros un mech NEG y un soldado se asoman luego de haber luchado contra algunas cucarachas Migou. Reuniendose con el Engel y el otro soldado sobreviviente. Parte del equipo se agrupa nuevamente a lamerse las heridas.

Uno de los soldados sube a hacer guardia, mientras que el Engel regresa kilómetros más arriba a buscar el camión que lo transportaba. Es necesario encontrar alguna forma de movilización óptima y reagrupar fuerzas. Las sombras ocultan la bestia que parece fundirse con la noche. No sabe si temer a las amenazas extraterrestres o a las creadas por el hombre gracias a la arcanociencia.

Un zumbido y del Mech NEG se baja medio ebrio un ruso con una botella de vodka, pareciera que disfruta luchar. Los soldados y pilotos del convoy no saben que esperar. Pero el cansancio ataca el grupo.

Las ondas de radio se sincronizan y reportan daños y sus últimos enfrentamientos: sabían que no estaban solos, que tarde o temprano las cucarachas volverían a atacar.

Sin alimentos y con parte del grupo disperso o muertos, el sueño los comienza a vencer hasta que las alertas se disparan cuando, el edificio dónde el soldado hacía guardia comienza a temblar. Escombros caen ante una fuerte explosión producida por una solitaria cucaracha. Testarudas como de costumbre. Atacando cuando menos lo esperaban. Atacando al más solitario o débil: el soldado en la azotea.

Sin más escapatoria salta por el borde del edificio aferrándose a la oxidada y abollada escalera de emergencia, la que comienza a ceder inmediatamente. La cucaracha lo tiene en la mira, hasta que un ráfaga la distrae. El otro soldado superviviente, al verse impedido de avanzar debido a la chusma que corría temerosa de la amenaza dispara logrando distraer. Necesita tiempo para que el mech NEG esté preparado: Cargando SO. Sensores listos. Soporte de vida al 90%. Armas listas.

Hora de la acción.

El Engel está mirando la zona donde el camión que lo transportaba se quemaba creando una negra nube de humo. Rastros de otras cucarachas se perdían por el camino hacia el siguiente destino del convoy. Esta vez ya no tenían más herramientas que las que pilotaban y cargaban, estaban solos... y la señal de radio pareció herir el tímpano del piloto de la bestia. Nuevamente lejos, sin poder ayudar. La bestia aceleró, sintió que la conexión neuronal le provocaba calambres en las piernas, pero no podía detenerse.

Al acercarse a la zona del conflicto vio que un vehículo civil explotaba sobre el tejado del edificio, un soldado caía al vacío, el Mech intentaba rescatar a su camarada humano y una gigante cucaracha saltaba sobre todos ellos. Parecía que todo fluía a cámara lenta. Se lanzó sobre el maldito insecto, chocando contra el edificio que ya no daba más, los escombros caían. El soldado aterrizó aparatosamente trás la caída entre máquinas, sin sufrir daños graves. Todo era caos. Una cucaracha no sería amenaza para el equipo militar, pero los civiles y los constantes acechos de los Migou dañaban la moral.
Un último disparo daba la bienvenida a la mitad de la noche con un Migou menos. No podían quedarse ahí, eran una amenaza para la población civil.

De uno de los edificios un Nazzadi anciano se acercó preguntando si estaban ahí para ayudarlos o para destruirlos. Era la persona de contacto y se descubre parte del plan del NEG: entrega de víveres en estas y otras poblaciones. Los constantes ataques habían tenido como objetivo hacer desaparecer las provisiones que NEG enviaba a la gente.

La guerra se perdía junto con la moral de cada humano y nazzadi presente. Llantos y hambre, tan efectivas como las balas.

El grupo decidió avanzar hacia el siguiente poblado, tal vez ahí tendrían un poco más de suerte, un poco más de paz para descansar sus agotados huesos. Sin vehículos, los dos soldados se aferraron al Mech para avanzar a buen ritmo.

En la otra localidad, las cucarachas habían ya arrasado y destruido cualquier tipo de presencia militar, y los nuevos soldados que llegaban eran recibidos como héroes que los liberarían de la amenaza Migou.

Humildes comidas y solo un poco de agua caliente fue la cena que recibieron. Una cena, en estos tiempos, digna de dioses benevolentes.

El nazzadi del grupo, piloto del engel encontró la fuente de los ataques Migou y se separó del grupo. Entrando en extrañas cavernas encontró parte de su gente que lo reconoció. Entregó la información que poseía y los planes que el convoy seguía. Un migou se acercó y le susurró en una lengua alienígena e inintiligible para los humanos una felicitación militar. El grupo tenía una manzana podrída. Una manzana en la que confiaban.

El grupo militar decidió entonces regresar: los víveres para ambos pueblos no podían haberse esfumado. Algo estaba mal. Aún así tenían 24 horas a favor, y aún no conocían el destino del convoy por completo. Necesitarían ayuda ya no podían avanzar con su actual configuración desmoralizada.