miércoles, 29 de febrero de 2012

¿Quién se comió los papás de Molly?

Relato de la primera aventura de Puppetland

Despertando
Las campanas anunciaban el inicio de un nuevo día en Titirilandia. Un nuevo día aunque el cielo seguía mostrando la misma luna, la mismas estrellas, como un recordatorio de la tristeza que gobernaba desde la muerte del Hacedor.

- ¡Abraham! ¡Despierta! - gritó su madre - Es necesario que busques a algunos de tus amigos y busquen comida en el bosque de caramelos.

Abraham Nariz de Gancho era una gran marioneta de madera soñolienta.

- Aaaaawwwwwmmmmmm - bostezó Abraham - ¡Bueno mamá! iré de inmediato.

Abraham salió de su hogar para encontrarse con su amigo Tontín Punto Morados.

- Hola Tontín - dijo Abraham - ¿me acompañas a buscar golosinas al bosque?
- ¡abujúúúú! - gimió Tontín - Que triste es que no haya alimentos para todos - y Tontín se secó sus lágrimas.

Tontín era un payaso triste, pero que tenía un alma luchadora e inagotable. Además su corazón siempre le obligaba a pensar que todos eran buenos, incluido los feroces cascanueces.

En el bosque
Cuando Abraham y Tontín llegaron al bosque de caramelos, y vieron que los más dulces alimentos estaban en lo alto de los árboles.

- No puedo llegar hasta arriba, mis manos no superan la altura de mi cabeza - se quejó Abraham
- ¡Qué pena que no podamos subir hasta arriba! ¡tendremos mucha hambre! - lloró Tontín.

Ambos títeres miraban hacia arriba, hasta que Abraham tuvo una brillante idea:

- Tontín, te tomaré y te lanzaré hasta arriba de los árbole.
- ¡Pero yo temo a las alturas! - Pero Abraham ya lo tenía en sus manos y lo lanzó a la copa de los árboles.

El terror de Tontín se desvaneció cuando vio los caramelos más grandes y jugosos. Con sus manos los cortaba y Abraham los recogía en medio de una lluvia de dulces.

Pero la felicidad estaba a punto de acabar.

Cuando terminaron de recolectar el alimento, escucharon el llanto de una pequeña títere.

- ¿Quíen eres? ¿Qué te ha pasado? - preguntó Abraham
- Soy Molly, y no sé que pasó con mi familia

Molly Dedo Rojo era una pequeña títere de dedo, que lloraba desconsolada. Lo único que tenía cerca era la mano destrozada y deshilachada de otro títere.

- Mi madre me dijo que escapara y yo nunca solté su mano cuando los cascanueces asaltaron mi casa
- ¡abujúúú! - lloró Tontín - ¡me da mucha pena que te quedes sin padres! quédate con nosotros y te cuidaremos

En eso se escucho el marchar de un grupo de cascanueces que se acercaban haciendo sonar sus fuertes mandíbulas

"¡crac! ¡crac! ¡crac! ¡crac!" los cascanueces marchaban.

Atemorizada Molly dijo:
- Deben ser los mismos que atacaron mi casa. ¡Arranquemos!

Molly, Tontín y Abraham corrieron y se fueron a la ciudad en busca de la madre de Abraham.

Compartiendo la mesa
La madre de Abraham reconfortó a Molly y dijo a Abraham y Tontín que invitaran a compartir la mesa con los vecinos.

La mesa estaba iluminada y llena de los dulces que Abraham y Tontín habían traído del bosque. Todos olvidaron por un momento que afuera, Titirilandia, era controlada por El Puño.

"¡Pom pom!" golpearon la puerta. Abraham y Tontín abrieron la puerta y vieron a un títere gordo e inflado que nunca antes habían visto:

- Hola, soy Rubén El Alcalde - dijo este grotesco títere - vengo a cobrar el impuesto de dulces que me corresponde.
- ¿Impuesto de dulces? - preguntó Abraham - ¿desde cuándo?
- Desde que el Puño acepto que trabajara para él - respondió Rubén El Alcalde.
- Es tan triste trabajar para El Puño - dijo Tontín.

Detrás de Rubén El Alcalde se asomaron unos cascanueces que gritaron:
- ¡Y si no pagan, nosotros los haremos pagar!

Dentro del hogar de Abraham, su madre, los vecinos y Molly mantuvieron silencio.

Abraham separó gran parte de los dulces y se los entregó a Rubén El Alcalde, quién se alejo. Mientras se alejaba algo resbalo de su estomago: un brazo y trozos de algodón de otro títere. Un cascanueces dijo:
- Cualquier títere que no quiera pagar, lo destruiremos, y tu, Rubén, ¡te lo podrás comer!

La Persecución
Abraham y Tontín decidieron seguir a Rubén El Alcalde y descubrir quién era realmente ese malvado títere. Pero fueron descubiertos casi de inmediato, alertando a Rubén quien gritó:
-  ¡Atrapen a esos títeres! ¡Los llevaremos al castillo para que sean castigados!

Abraham y Tontín corrieron por las calles de la ciudad escapando de los feroces cascanueces que los perseguían.

- ¡Encuéntrenlos! ¡Encuéntrenlos! - gritaba Rubén - ¡No dejen que se les escapen! ¡Me comeré a esos títeres y engordaré más!

Abraham y Tontín, disfrazados se acercaron por la espalda a 

Mientras Abraham y Tontín continuaban su escapatoria, se les ocurrió una idea:
- ¡Tontín, tomemos otras ropas y disfracémonos!
- Qué triste que no se me haya ocurrido a mi - lloró Tontín - pero con tu idea podremos caminar sin que nos vean los cascanueces.

Tomando vestidos, camisas, pelucas y guantes, nuestros dos jóvenes títeres se disfrazaron y nadie logró reconocerlos.

- ¡Encuentrenlos! - continuaba gritando Rubén - ¡Tráiganmelos para comerlos y engordar más!

Abraham y Tontín se acercaron por detrás de Rubén y atándolo lo llevaron rápidamente a la casa del Herrero.

- ¡Suéltenme! No les haré nada si me sueltan ahora - dijo enojado Rubén
- Me da pena atar a otros títeres, pero él nos hará daño - dijo Tontín
- Además, ¿fuiste tu quién comió los padres a Molly? - preguntó Abraham
- Yo los comí... ¡Yo los comí! ¡y si no me sueltan serán iguales a mí! - respondió Rubén.

Tanto gritaba Rubén el Alcalde que llegó el mismo Herrero con unas tijeras gigantes.

- Niños, ya ha hecho mucho... yo me encargaré de esto ahora... muchas cosas malas he visto y me han obligado a hacer - con mucha pena el Herrero se acercó a Rubén El Alcalde - y niños, ya es hora de descansar.

- ¡Niños, no me dejen! - gritó Rubén.

Y mientras Abraham y Tontín se alejaban, lo último que escucharon era el sonido de unas gigantes tijeras cortando tela, algodón e hilos.